Por Arq. Julio Villar Marcos

Son cerca de 1.600 metros "a vuelo de pájaro", pero en ese reducido espacio se están jugando en este momento ciertos valores que combinan historia, ambiente, e incluso, por todo lo alto, el prestigio internacional de nuestro país, que se promociona como el Uruguay Natural.
Esta denominación responde a la búsqueda de una imagen "vendedora" para difundir nuestros suaves paisajes y ambientes naturales. Si bien es cierto que algunos de ellos se mantienen en estado casi natural, muchos otros han estado y siguen estando cada vez más acosados por las fuerzas combinadas del desarrollo y la especulación. La naturaleza, el ambiente y la cultura constituyen el patrimonio, y realmente resulta muy difícil para una sociedad aprender a distinguir entre lo que hay que defender sin concesiones y lo que puede negociarse cuando es necesario gestionar lo que se ha dado en llamar un desarrollo sustentable. Para una comunidad como la nuestra, amable pero con una producción siempre inferior a la que sería necesaria, los desvíos en el cometido de proteger su patrimonio natural y cultural tienen muchas veces resultados calamitosos.
Isidro Mas de Ayala, un médico psiquiatra devenido sociólogo y contador de cosas nuestras, en su libro "Y POR EL SUR EL RIO DE LA PLATA" (que muchos deberían leer) dedicó tres capítulos a Lussich y su Punta Ballena: EL BOSQUE DE LA COLINA DE PIEDRA, MEDITACIÓN SOBRE EL BOSQUE y UNA EXPERIENCIA BIOLÓGICA SINGULAR. En ellos encontrará el lector la fundamentación de muchas de las razones que justifican la actitud de los técnicos y vecinos que se oponen a la modificación del viejo camino que vinculaba esa zona con Maldonado en los tiempos de la creación de esa maravilla vegetal única en el mundo que es el Arboreto. El trazado desde la salida de la Rinconada hasta la cañada permanece aún hoy casi como era hace más de medio siglo, cuando el arquitecto Antonio Bonet lo recorría diariamente con Ferreres para inspeccionar las obras en el fraccionamiento de la Sociedad de Punta Ballena, que generó, entre tantas buenas cosas, a la Solana del Mar, reconocida a nivel internacional como una obra arquitectónica de primera categoría.
Los que años atrás trazaron, para deleite de los que desean llegar velozmente a todos lados, la carretera hacia el estacionamiento que aplastó el último corcovo de la Sierra de la Ballena antes de hundirse en el mar, se ensañaron con la naturaleza y hoy su obra permanece como un ejemplo vivo de lo que no debe hacerse en esos sitios privilegiados. Luego de destruir se fueron. Afortunadamente ya pasaron y hoy se les evoca con desprecio, pero los perjuicios que causó su obra no podrán ser enmendados.
Ahora otra ruta construida para los que tienen prisa, aún cuando estén de vacaciones, afectará una valiosa parte de la obra de Lussich: el acceso al Parque y el ambiente natural de la Casona. Se ha perdido la percepción de ciertas cosas importantes, porque la ubicación señorial del acceso en la loma que domina la ensenada, con su bosque detrás, constituye un elemento mayor en la esencia del legado que nos dejó Antonio Lussich.

La ampliación del camino para adaptarlo al fin propuesto: llegar velozmente a la Barra de Maldonado, transformará a ese venerable acceso centenario, apropiado preludio del singular recorrido por el Arboreto, en una suerte de incongruente vestigio al borde mismo del asfalto. Pero no es solamente una apreciación emotiva lo que mueve al rechazo de esta alternativa determinada para la carretera por algunos técnicos, también están los árboles, que son precisamente la razón de ser del Arboreto. Para ensanchar el camino se ha talado mucho, y se deberá seguir haciéndolo con hermosos ejemplares de gran porte, que daban al camino un carácter que ya no existe más en nuestras rutas de velocidad, precisamente porque los árboles a la vera de ese tipo de ruta representan un peligro mortal. Es un hecho que al desaparecer esos grandes árboles se debilitará la protección a los vientos para los que están detrás, añosos ejemplares, insustituibles por ser especies exóticas provenientes de otras partes del mundo.
Es práctica aceptada internacionalmente que a los ejemplos testimoniales con valor de Monumento, así sean de la Humanidad o Nacionales, se le adjudique una protección especial que incluye además del propio Monumento, una zona circundante para amortiguar los efectos que podrían producir intervenciones agresivas para sus valores, incluyendo los visuales. En Colonia del Sacramento se llegó a aplicar este principio. En este caso esa cautela no existe y los efectos de los cambios en el Camino Lussich llegan hasta a los mismos límites del predio.
En su vida, el Arboreto ha sufrido estragos naturales como incendios y temporales que se llevaron muchas especies originales, pero nunca, como en este caso, los daños habían sido causados por acciones humanas que se supone deberían haber sido tomadas luego de un proceso de reflexión profunda sobre todas sus consecuencias.
Sin embargo existe una alternativa que evitaría todo daño al patrimonio que representa el Arboreto y camino Lussich y además tiene la ventaja de ser mucho más económica.
El turista que llega desde Montevideo corona la cuesta de la ruta 10 sobre Punta Ballena y allí el panorama que se despliega es imponente, una adecuada bienvenida que brinda Punta del Este a sus visitantes. Pero si elige la ruta del propuesto Anillo Perimetral del Departamento, pierde esa magnífica recepción y casi ni ve el mar hasta llegar a Manantiales. En cambio, el turista podría enriquecer su llegada con mayor disfrute y menor riesgo si luego de apreciar la vista desde el mirador continuara descendiendo hasta pasar la Laguna del Diario, doblara a la izquierda en el semáforo y luego de recorrer 3 kilómetros y medio de buen pavimento llegara al Camino Lussich a la altura del Cementerio. De allí hasta el punto B del Anillo Perimetral del Departamento hay poco más de un kilómetro y podría continuar por él hacia la Barra. Esta propuesta es mucho más segura, atractiva y económica que la que se está ejecutando, contrariando la opinión de muchos técnicos y vecinos del departamento que se resisten a aceptar la afectación de uno de los valores que precisamente defienden el atractivo turístico que proclama la apelación Uruguay Natural.
Queda la esperanza que en el proceso en curso se pueda alcanzar una solución que contemple las mejores expectativas de las partes involucradas, entre las que se debería incluir, aún en el imaginario, a Don Antonio Lussich.
Arq. Julio Villar Marcos
Fuente: Semanario Brecha 12/07/2009
