Los sueños no se pueden talar
DIEGO FISCHER
La obra más portentosa del mundo en materia de bosques artificiales está en Punta Ballena", de esta manera, el paisajista francés Carlos Thays se refería al bosque que 18 años antes había comenzado a sembrar Antonio Lussich.
Las afirmaciones de Thays fueron formuladas en el Congreso Mundial de Paisajismo celebrado en París en 1914, donde calificó al bosque de Punta Ballena como "la realización del más fantástico sueño que la imaginación exaltada de un botánico soñador pudiera concebir". Thays sabía de lo que hablaba. Años antes, en 1898, había sido consultado por Lussich cuando decidió forestar Punta Ballena, en aquellos años una sucesión de rocas peladas recostadas sobre el mar de Portezuelo y gobernadas por todos los vientos. Entonces, Don Antonio y Thays recorrieron a caballo aquel páramo desierto e inhóspito. Y al igual que otros renombrados botánicos del mundo a los que Lussich les pidió opinión, Thays lo desahució y le dijo: será inútil, nada de lo que plante aquí brotará. Lussich hizo oídos sordos a los consejos de los expertos y comenzó a sembrar pinos y eucaliptos primero para serenar al viento y las especies de árboles más variadas traídas de los cinco continentes, luego. Thays regresó a Punta Ballena diez años después de su primera visita. Cuentan que no daba crédito al enorme bosque que se desplegaba ante sus ojos. Desde entonces, la propiedad de Lussich se convirtió en un lugar de peregrinación de científicos del mundo entero. Todos querían conocer la obra de aquel hombre que había desafiado a la naturaleza y transformado un desierto de piedras y arena en un paraíso. Por estos días los vecinos de Punta Ballena se han rebelado por la construcción de la ruta rápida que unirá la zona con La Barra y que pasará -en principio- por el viejo Camino Real. En estas semanas, muchos árboles que bordeaban dicho camino fueron talados o arrancados de raíz para avanzar con las obras programadas. Es bueno destacar que se ha retomado el diálogo entre los vecinos y la Intendencia de Maldonado. Y que tal vez la solución esté más cerca de lo que imaginamos. Son muchos los cambios que ha experimentado Maldonado en las últimas décadas; no siempre para bien. Que este no sea uno del que luego nos arrepintamos. Ojalá que a la hora de tomar la decisión definitiva, las autoridades no olviden que Lussich desafió a la naturaleza y que legó un bosque único en el mundo para las generaciones que lo sucederían vinieran de donde vinieran.
El País sábado 24 de octubre de 2009
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